El lago
De mi vida en la distante primavera, jubilosa primavera,
Dirigí mi paso errante a una mágica ribera.
La ribera solitaria, la ribera silenciosa
De un salvaje lago ignoto que circundan y oscurecen
Negra cinta rocallosa
Y copudos altos pinos que las auras estremecen.
Pero cuando allí la noche su fúnebre manto arroja
Y el místico y gemebundo viento de su melodía,
Entonces, ¡oh!, entonces quiere despertar de su congoja
Del terror del lago triste, despertar el alma mía.
Mas ese terror que dejaba en mi espíritu contento;
Hoy, ni las joyas ni el afán de la riqueza,
Como antes, a contemplarlo llevarán mi pensamiento,
Ni el amor por más que fuese el amor de tu belleza.
La muerte estaba en el fondo de la ola envenenada,
Y una tumba en lo más hondo, pérfidamente adornada
Para quien a su amargura breve tregua hubiera dado
Un solaz, a los dolores de su espíritu afligido,
Y en un Edén transformado
El salvaje lago ignoto, lago triste y escondido.
Interpretación de Antony and The Johnsons sobre The Lake
Sapere aude
sábado, 9 de octubre de 2010
domingo, 26 de septiembre de 2010
Fragmento

La ruta de su evasión (fragmento)
Yolanda Oreamuno
" Siempre queda en algún árbol una hoja postrera, prendida a la rama por un milagro de resistencia inexplicable, y todas las mañanas, al pasar, formulamos una despedida porque tememos no encontrarla allí al día siguiente. Es tan frágil su aspecto, descomedida su posición, muerto su color, que no podemos explicarnos por cuál fenómeno se mantiene en su sitio invulnerable al viento, la escarcha y el frío. Simboliza el recuerdo borroso de lo que fuera en primavera y verano el ropaje del árbol; es la manifestación única de su antigua forma; la rúbrica de su linaje, el síntoma de su especie. Pese a todo lo precario que esa hoja solitaria representa, en su humildad, en su indefensión, tiene un noble elemento de fortaleza. Cada mañana la buscamos para comprobar en su delicado tallo o en el contorno de su cuerpecillo aterido los efectos de la intemperie, y repetimos la nostálgica despedida. Pero al verla de nuevo, inalterable y sola, nos preguntamos sobresaltados si resistirá todo el invierno allí. Tanta tenacidad anónima despierta en nosotros cierto elemento de sospecha ¿por qué resiste?, ¿irá a permanecer a pesar de todo?, ¿para qué su inmutabilidad?, y nos vamos acostumbrando a su presencia en el árbol frente a nuestra casa. Lentamente, con la familiaridad de lo inevitable, olvidamos la hoja fiel. Una mañana cualquiera ya no levantamos la cabeza para buscarla, ni nos despedimos de ella hasta nunca. Ha entrado a formar parte del paisaje inalterable, de ese paisaje permanente más allá de las estaciones y las temperaturas. Y muchos días después, casi sin pensar en ella, echamos una mirada descuidada que nos revela su ausencia. Se fue con el viento. Ya no está. Se fue sin despedida, sin adiós y sin lágrima. Tampoco dejó recuerdo. Simplemente se fue. "
miércoles, 22 de septiembre de 2010
ego+ego=espalda
martes, 3 de agosto de 2010
El viejo
Se sentó frente a aquel hombre que lloraba sin lágrimas.No fingía,solo que sus viejos ojos no recordaban el látigo del suplicio,por lo que solo eran cuestión de minutos,cuando ese derroche de suspiros concluyera,Ana sabía que estallaría en un mar de lágrimas que le evitarían morir ahogado.
En ese instante Ana se arrancó el corazón,lo dejó sobre la mesa de metraquilato y lo miraba de reojo.Tenía que tragar un océano de compasión y no mostrar el pesar que le causaba ver a aquel anciano sumergido en la asfixia de un hecho irremediable.
Ana cogió la mano magullada por el tiempo de aquel hombre.Estaba en silencio,tratando todavía de digerir aquellos nudos humanos que se deslizaban por su traquea.Los minutos se hicieron eternos al no saber que decir.Ana pensó que no servían de nada sus veintiseis años respirados,pues solo era una muda incapaz de alentar aquella alma anciana que sufría desesperada.El longevo hombre sacó un pañuelo de su bolsillo,se levantó de la roja silla del hospital con ayuda de su bastón.Tocó el hombro de Ana,lo apretó y torpemente se dirigió a la habitación de su moribunda mujer.Ana miraba cabizbaja los pasos del cuerpo dolorido del abuelo que secaba sus lágrimas haciendo un acto de equilibrio.
Ana se sentía levemente mareada ante el olor de aquel lugar.Siempre le incomodó a su pituitaria el característico aroma del hospital pero pasó de ser una leve molestia primeriza para entrar en su memoria como un pestilente reflejo del sufrimiento que sostenian los pilares de ese espacio.Suspiró,cerró los ojos,le dio una arcada,tragó.
Apretó sus labios.Salió fuera.
En ese instante Ana se arrancó el corazón,lo dejó sobre la mesa de metraquilato y lo miraba de reojo.Tenía que tragar un océano de compasión y no mostrar el pesar que le causaba ver a aquel anciano sumergido en la asfixia de un hecho irremediable.
Ana cogió la mano magullada por el tiempo de aquel hombre.Estaba en silencio,tratando todavía de digerir aquellos nudos humanos que se deslizaban por su traquea.Los minutos se hicieron eternos al no saber que decir.Ana pensó que no servían de nada sus veintiseis años respirados,pues solo era una muda incapaz de alentar aquella alma anciana que sufría desesperada.El longevo hombre sacó un pañuelo de su bolsillo,se levantó de la roja silla del hospital con ayuda de su bastón.Tocó el hombro de Ana,lo apretó y torpemente se dirigió a la habitación de su moribunda mujer.Ana miraba cabizbaja los pasos del cuerpo dolorido del abuelo que secaba sus lágrimas haciendo un acto de equilibrio.
Ana se sentía levemente mareada ante el olor de aquel lugar.Siempre le incomodó a su pituitaria el característico aroma del hospital pero pasó de ser una leve molestia primeriza para entrar en su memoria como un pestilente reflejo del sufrimiento que sostenian los pilares de ese espacio.Suspiró,cerró los ojos,le dio una arcada,tragó.
Apretó sus labios.Salió fuera.
martes, 1 de junio de 2010
Toda la belleza del mundo
" El profesor Marek tenía un lema para animarnos. Solía decir que cualquier tonto puede aprender a dibujar. Entonces yo me consolaba a mí mismo pensando que lo lograría también, porque, sobre todo, no me consideraba tonto. ¡Eso sí que no! Sólo cuando hubiese aprendido a dibujar tendría ganada la batalla. Con los colores sería más fácil. Sí, pintaría.
De todas maneras, no llegué a ser pintor. Porque ocurrió lo siguiente: en la cuarta o en la quinta clase, más o menos, nos sugirió el profesor Marek que trajéramos de casa los modelos con los que montaríamos en la clase el bodegón propio. Mis compañeros de clase traían manzanas, naranjas, limones, floreros con rosas, diversas cajitas y candeleros. Yo también traje conmigo objetos para hacer una naturaleza muerta muy proletaria, que armonizara con el barrio obrero de Zizkov: una botella de cerveza, un vaso, una rebanada de pan y una salchicha envuelta en un papel grasiento.
Monté el bodegón sobre la mesa de dibujo y esperé, con los demás, a que el profesor diera su visto bueno. Cuando se me acercó, me miró y soltó con violencia:
-Por Dios, Seifert, quite esa salchicha. ¡No permitiré por nada del mundo que la pinte!
No tardé más que un par de segundos en comprender su preocupación. Y me quedé estupefacto. En aquel momento memorable decidí que sería mejor escribir versos. "
Jaroslav Seifert
Toda la belleza del mundo (fragmento)
De todas maneras, no llegué a ser pintor. Porque ocurrió lo siguiente: en la cuarta o en la quinta clase, más o menos, nos sugirió el profesor Marek que trajéramos de casa los modelos con los que montaríamos en la clase el bodegón propio. Mis compañeros de clase traían manzanas, naranjas, limones, floreros con rosas, diversas cajitas y candeleros. Yo también traje conmigo objetos para hacer una naturaleza muerta muy proletaria, que armonizara con el barrio obrero de Zizkov: una botella de cerveza, un vaso, una rebanada de pan y una salchicha envuelta en un papel grasiento.
Monté el bodegón sobre la mesa de dibujo y esperé, con los demás, a que el profesor diera su visto bueno. Cuando se me acercó, me miró y soltó con violencia:
-Por Dios, Seifert, quite esa salchicha. ¡No permitiré por nada del mundo que la pinte!
No tardé más que un par de segundos en comprender su preocupación. Y me quedé estupefacto. En aquel momento memorable decidí que sería mejor escribir versos. "
Jaroslav Seifert
Toda la belleza del mundo (fragmento)
domingo, 2 de mayo de 2010
Trenes

Y de repente,me encuentro en la estación de tren,algo sonámbula.Por ahí pasean parejas dedicándose los últimos besos del fin de semana antes de la despedida,yo los miro y pienso"besaros,besaros que el tiempo os quitará las ganas".Veo una anciana con su bastón y siento pena.Veo una señorita cargada de maletas con su hijo de dos años,está sola y me da pena también.Hay inmigrantes paseando,no sé donde van.Hay una familia entera regalando abrazos,imagino que a la pequeña que marcha a estudiar fuera.Veo un vagabundo de manos negras al que todos dan la espalda y pienso en su historia y todo lo que podría contar.Me impregno con tan solo una mirada,de esas vidas ajenas que caminan sobre la fugaz tregua de una estación que remienda alas a la distancia.Me pregunto cuales son los diversos caminos que la anónima existencia hace colisionar en un instante.Yo también estoy allí,formo parte de este discreto acontecimiento del cual parece que solo yo soy consciente.
De repente,me siento libre.El mundo se dilata ante el sendero que marcan los raíles.Voy a algún lugar donde mi voluntad se impone contundente.Este es el aire,el ardor que deshace los eslavones soldados.Me adentro en la aventura de mis pensamientos entre túneles y árboles giratorios.Este es mi momento presente,sin intervalos de tiempos pasados o futuros,sin magulladuras ni deseos de garantizada frustración venidera.Y los cables de la luz bailan al ritmo de las notas.Se entrelazan,se multiplican y en un instante se hacen uno.La velocidad marca el ritmo de ese baile improvisado del aderezo del paisaje,todo deja de ser inerte para adentrarse en el movimiento que dicta mi pecho sin interludios.No sé si quiero llegar,ya me he ido,pero ni siquiera sé si quiero irme.Pero aquí estoy,extasiada,viendo como danzan los campos,como todo pasa así como alegoría de mis anhelos.Me vuelvo a sentir libre ahora,en este viaje,ahora que tengo menos,ahora que lo dejo todo.Ya no siento el peso de las cadenas,algo se queda allí,lejos.Ahora soy más pobre,sin embargo,me han crecido alas.
*Pacorra*
jueves, 29 de abril de 2010
Trópico de cáncer
"Hacía sólo unos días que se había agarrado a mí desesperadamente, y después algo ocurrió, algo que ni siquiera está claro para mí ahora, y por su propia voluntad subió al tren y me volvió a mirar con esa sonrisa triste y enigmática que me desconcierta, que es injusta, forzada, de la que desconfío con toda mi alma. Y ahora soy yo, parado a la sombra del viaducto, quien tiendo los brazos hacia ella desesperadamente y en mis labios aparece esa misma sonrisa inexplicable, esa máscara que he colocado sobre mi pena. Puedo quedarme aquí parado y sonreír inexpresivamente, y por fervorosas que sean mis plegarias, por desesperado que sea mi anhelo, hay un océano enre nosotros; ella seguirá allí en la miseria, y yo caminaré aquí de una calle a otra, con lágrimas ardientes quemándome el rostro. "
Fragmento:
Trópico de cáncer(Henry Miller)
Fragmento:
Trópico de cáncer(Henry Miller)
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